Cuando se trata de elegir una puerta corredera, el material es un factor clave que influye en la estética, el peso y hasta en el tipo de guías y rodamientos que necesitaremos. No es solo una cuestión de estilo, sino también de funcionalidad.
Si buscamos naturalidad y calidez, la madera maciza o las chapas de madera barnizadas son opciones ideales. Aportan carácter, pero hay que considerar su peso y grosor, ya que requieren un sistema de guías resistente. Además, nos gusta personalizar este tipo de puertas con diseños exclusivos, incorporando molduras, relieves o combinaciones de materiales para darles una mayor carga estética. Para ambientes húmedos, como un baño con ducha, conviene elegir tableros hidrófugos o acabados con cera y barniz protector para evitar deformaciones.
El vidrio, por otro lado, es perfecto para ganar luz y sensación de amplitud. Puede ser translúcido para mayor privacidad o completamente transparente para integrar espacios. Una opción estética muy interesante es el vidrio acanalado, que no solo deja pasar la luz, sino que también aporta intimidad y un acabado elegante y decorativo. Las puertas de vidrio diseñadas a medida funcionan especialmente bien en cocinas abiertas al salón, donde queremos conectar los espacios, pero también tener la posibilidad de independizarlos cuando sea necesario.
Cuando incorporamos puertas con vidrio, nos gusta combinarlas con perfilería metálica o de madera, ya sea natural maciza o lacada.
En el caso de los perfiles metálicos lacados, éstos aportan un detalle decorativo al diseño, enmarcando el vidrio y definiendo su estilo. Cuanto más finos sean estos perfiles, más ligeras y estéticas resultan las puertas. Si se eligen en blanco roto o en tonos claros, transmiten una sensación más amable y delicada en comparación con la perfilería en negro, que aporta un aire más industrial y marcado.
Cuando elegimos puertas de vidrio con perfiles de madera, nos encanta especialmente el roble, un material que aporta calidez y elegancia. Estas puertas se adaptan a cualquier estilo decorativo, desde lo más clásico hasta lo más contemporáneo. Además, diseñamos la perfilería en líneas rectas y curvas, incorporando detalles exclusivos que confieren a cada pieza un aire sofisticado y artesanal, haciendo de cada puerta una obra única.
Otro aspecto clave a considerar es la elección del sistema de guías. Podemos optar por mantener la guía a la vista o bien elegir un sistema que nos permita ocultarla. Las guías vistas, especialmente en acabados metálicos, pueden convertirse en un elemento decorativo con aire industrial o rústico. Además, su instalación es más sencilla y el acceso a los rodamientos facilita el mantenimiento. Por otro lado, si buscamos una estética más limpia y minimalista, podemos ocultar la guía dentro de un cajón o en un sistema empotrado en el techo, logrando un efecto más depurado y elegante. La desventaja de esta opción es que requiere una instalación más compleja y, en algunos casos, una planificación previa en la obra.
En cualquiera de sus versiones, preferimos las puertas de suelo a techo, tanto en madera como en vidrio. Estas aportan una mayor sensación de amplitud y continuidad en el espacio, además de potenciar la verticalidad de la estancia y reforzar el diseño arquitectónico del entorno.
Nos encanta diseñar puertas personalizadas que dan un aire exclusivo a la casa, adaptándolas al estilo de cada espacio. No todos los materiales permiten los mismos diseños ni se comportan igual con el paso del tiempo, pero elegir bien garantiza que la puerta no solo sea funcional, sino también un elemento decorativo con carácter propio.
Cuando una puerta corredera se diseña bien, no solo resuelve un paso entre estancias: forma parte de la arquitectura de la vivienda y define cómo se vive el espacio.



